Por qué el mapa es tan grande
Mira la lista de arriba: Vilafranca, Sitges, Rubí, Vilanova, Gavà, El Vendrell, Cunit, Cubelles, Reus, Santa Margarida, Barcelona. Y la gente: Martorell, Gelida, Dalmar, Moja, Piera, Sant Jaume. Para ser el archivo de un pueblo de doce mil habitantes, hay mucho sitio que no es el pueblo.
La razón es simple y la dijo Jouka en una frase: «hicimos conciertos por ahí y conocíamos gente de aquí y de allí». No hubo ninguna estrategia. Ibas a tocar a un pueblo, conocías a los que tocaban allí, esos venían al tuyo, y de paso te llevaban a otro. Lo mismo con las jams de graffiti: ibas, pintabas, salías con tres teléfonos nuevos.
Así se construía una escena antes de las redes: a base de desplazarse. Cada bolo era una ampliación del mapa, y cada persona conocida en un bolo era una puerta a otro sitio. Por eso este archivo no puede acabar en el término municipal — la escena nunca lo hizo.
Y por eso también hay nombres aquí de los que solo sabemos el mote. Gente de otros pueblos que estuvo, que pintó o que se subió al escenario una noche, y de la que no queda nada escrito. Si eres de por ahí y te reconoces, esto también es tuyo.