Me dices qué tienes
Un mensaje y ya. «Tengo una caja de fotos» es suficiente.
Aunque pienses que no vale nada. Sobre todo si piensas que no vale nada.
Esto se construye con lo que cada uno tiene guardado. No hace falta que esté ordenado, ni digitalizado, ni que te acuerdes de las fechas exactas. De eso me encargo yo.
Maquetas, temas, directos, sesiones. En cassette, CD, minidisc, disco duro o donde sea. Aunque suene regular.
Fotos de piezas, de jams, de conciertos, de la peña. Flyers, carteles, recortes. VHS y móviles viejos también.
Historias, fechas, nombres, cómo empezó cada cosa. Una charla de una tarde vale tanto como una caja de cintas.
Un mensaje y ya. «Tengo una caja de fotos» es suficiente.
Se escanea o digitaliza con cuidado, se hacen copias, y el original vuelve contigo. Nada se pierde, nada se queda sin devolver.
Guardar no es publicar. Todo lo tuyo se queda en privado hasta que tú digas «esto sí». Y lo que digas «esto no», no sale jamás.
Mucha gente ya no tiene cintas: tiene carpetas en un disco duro. Temas, fotos de piezas, vídeos de móvil, sesiones, capturas. Si es tu caso, esto es todavía más fácil.
La carpeta tal cual está, con su desorden, sus duplicados y sus «nuevo_2_final_BUENO.mp3». Ordenarlo es mi trabajo, y si esperas a tener tiempo para hacerlo tú, no lo mandas nunca. Eso es exactamente cómo se pierde el material.
Por WeTransfer, Drive, un pendrive, o trayendo el disco y lo copiamos en un rato. Tú no te quedas sin nada: es una copia, el original sigue siendo tuyo.
Que esté en el archivo no significa que esté publicado. Lo guardamos a salvo, lo catalogamos, y tú dices qué se enseña y qué no. Guardar es urgente; publicar puede esperar.
Y ahí no le sirve a nadie. Ni a los que lo vivimos, ni a los que vienen detrás y ni siquiera saben que en este pueblo pasó todo esto. Y los discos duros, además, se estropean.