De la pared a la piel
Los muros se repintan. La piel no.
Jotack tatuaba ya en 2008 —firmaba «Tatu Jotak»— y hoy tatúa en el Red Temple Tattoo del Gótico. Psicho, el de IDEARTE, el que los llamó «los glassmen de St Sadurní», hoy tatúa como Jaume V. Y el Ray, grafitero de Martorell, acabó igual. Tres escritores de la misma comarca, el mismo oficio, sin ponerse de acuerdo.
No es casualidad ni reconversión. Es la misma habilidad cambiando de soporte: dibujar bien, entender la línea, aguantar el pulso, trabajar de una sola pasada sin poder borrar. Un grafitero lleva años haciendo exactamente eso — solo que sobre ladrillo, de noche y con prisa.
Y hubo un momento en que se cerró el círculo: se tatuaron entre ellos. Jota le tatuó la pierna a Fastidio en 2010. La misma pandilla que compartía sprays acabó compartiendo agujas.
Queda una espina, y es de las bonitas: en febrero de 2010, Jota dibujó un diseño de tatuaje para Jouka y lo colgó en su blog. Nunca se llegó a tatuar. Ahí sigue, en una entrada de 2010, esperando desde hace dieciséis años.